top of page

Más allá de las pantallas: crónicas de una semana de encuentros en Medellín

  • Foto del escritor: Pretty Kittie
    Pretty Kittie
  • 10 jun
  • 4 min de lectura


Durante una semana en Medellín terminé habitando escenarios muy distintos entre sí, algunos estaban relacionados con la música, otros con la gastronomía y otros con uno de los fenómenos culturales más poderosos de la actualidad: el fandom global de BTS.


A simple vista, el Medellín Cocktail Week 2026, Circulart 2026 y las historias de dos ARMY colombianas, una que viajó hasta Corea del Sur para ver a BTS y otra que espera verlos en octubre, parecen no tener mucho en común, sin embargo, al regresar a casa encontré un hilo conductor que atravesaba todas estas experiencias: la importancia de estar presentes.


De poner el cuerpo.


Cada vez estoy más convencida de que, aunque vivimos en una época dominada por plataformas digitales, redes sociales y herramientas tecnológicas que nos permiten conectarnos con personas al otro lado del mundo, gran parte de la cultura sigue ocurriendo en los encuentros físicos.

En el tiempo que dedicamos a escuchar, conversar, recorrer una ciudad, asistir a una charla o compartir una experiencia con otros.


La reflexión comenzó durante el Medellín Cocktail Week, más allá de los cócteles, las rutas gastronómicas y los espacios de degustación, me llamó la atención la cantidad de personas dispuestas a desplazarse por la ciudad para descubrir propuestas nuevas, conocer gente y vivir experiencias colectivas, había algo muy valioso en esa decisión consciente de salir de la rutina y compartir un momento con desconocidos que, por unas horas, se convertían en compañeros de mesa y conversación.


Días después, esa misma sensación apareció nuevamente en Circulart 2026, Como cada año, el encuentro reunió a artistas, gestores culturales, investigadores, estudiantes, empresarios y profesionales de la industria musical de distintos países de Iberoamérica, entre las múltiples actividades, una conversación atravesaba buena parte de la programación: el impacto de la Inteligencia Artificial en la creación, gestión y comercialización de la música.


En el Seminario de Derechos Digitales (SEDD), que reunió en Medellín a especialistas de Colombia, Brasil, Argentina, México, Italia, Reino Unido y España para debatir sobre los desafíos que plantea la Inteligencia Artificial en la industria musical contemporánea, las preguntas eran urgentes: ¿cómo proteger los derechos de los creadores?, ¿qué significa la autoría en tiempos de algoritmos generativos?, ¿cómo garantizar la diversidad cultural en ecosistemas digitales cada vez más automatizados?


Mientras escuchaba estas discusiones pensaba en una aparente contradicción, Nunca habíamos tenido tantas herramientas para comunicarnos a distancia y, sin embargo, las conversaciones más importantes seguían ocurriendo porque cientos de personas habían decidido viajar, encontrarse y compartir un mismo lugar.


La misma idea reapareció durante las entrevistas que realicé a dos integrantes del fandom ARMY, una de ellas, la Abuela Army, uno de los seres màs maravillosos y llenos de energía que he conocido últimamente, había vivido una experiencia extraordinaria: viajar hasta Corea del Sur para ver a BTS y ambas ahora se preparan para reencontrarse con la agrupación en Bogotá durante los conciertos que tendrán lugar este año en Octubre.


Escuchar sus relatos fue revelador, no hablaban únicamente de la música o de los espectáculos, hablaban de las amistades construidas en el camino, de las personas que conocieron durante el viaje, de las emociones compartidas con miles de fans provenientes de distintos países y de la sensación de formar parte de una comunidad global que se materializa cuando las personas deciden encontrarse cara a cara.


Ellas podrían haber seguido los conciertos desde una transmisión en línea o consumir cada contenido desde la comodidad de una pantalla, pero decidieron cruzar territorios, porque hay experiencias que no pueden descargarse.


Y quizá esa es una de las grandes paradojas de nuestro tiempo, mientras más avanzan las tecnologías digitales, más valor adquieren los encuentros presenciales. Las plataformas sirven para conectar, documentar, difundir y construir memoria, las redes sociales permiten sostener comunidades que trascienden fronteras, pero difícilmente pueden reemplazar la experiencia de compartir un espacio, una conversación o una emoción colectiva.


Personalmente, si hubo algo que me dejó Medellín durante esos días, no fueron únicamente las conferencias, las entrevistas o las experiencias programadas, fue algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más profundo:


La conversación.

El tiempo compartido.

El abrazo inesperado.

La copa que se convierte en excusa para escuchar una historia.


Fueron esos momentos los que terminaron marcando la experiencia, encuentros espontáneos entre una actividad y otra, las conversaciones que continuaban después de las charlas, las ideas que surgían alrededor de una mesa, las personas que llegaban desde distintos lugares con trayectorias diferentes, pero con la misma disposición a escuchar y a construir conexiones.


En una época en la que buena parte de nuestras relaciones profesionales y personales ocurren a través de pantallas, estos espacios nos recuerdan que la confianza, las colaboraciones y muchas de las mejores ideas siguen naciendo cuando compartimos un mismo lugar.


Por eso creo que debemos ser más constantes en la creación y fortalecimiento de espacios de encuentro, espacios donde la cultura no solo se exhiba o se consuma, sino donde pueda ser conversada, cuestionada, celebrada y vivida colectivamente.



Creo que la Inteligencia Artificial seguirá transformando la forma en que creamos y distribuimos contenidos, las redes sociales seguirán siendo herramientas fundamentales para conectar comunidades alrededor del mundo, pero nada de eso reemplaza la potencia de estar ahí, de escuchar en vivo, de caminar la ciudad, de estrechar una mano, de compartir una mesa o de descubrir una historia que jamás habría aparecido detrás de una pantalla.


Porque muchas veces las oportunidades, los aprendizajes y las conexiones más significativas surgen precisamente cuando decidimos salir al encuentro del otro y hay cosas que solo suceden cuando ponemos el cuerpo.



y como nos gusta la  música, les comparto esta playlist un poco demente de los momentos que recuerdo:



Por cierto si quieren chismosear en pantallas les dejo estos tres enlaces:






 
 
 

Comentarios


bottom of page